Vietnam

Vietnam en solitario, 12 días: Hanói, Bahía de Ha Long y Hoi An

Mi itinerario en solitario de 12 días por Vietnam: Hanói, crucero por la Bahía de Ha Long y Hoi An, con alojamiento, transporte y precios reales.

12 días · 11 noches9 min de lecturaRelato de ejemplo creado con IA
Nuria Casals
Personaje ficticio · Barcelona · Viaja sola con una cámara de más peso del recomendable y una libreta donde apunta los precios de todo
man in brown shirt and blue denim jeans riding on boat during daytime
Foto de Gary Cacciatore en Unsplash

Llevaba la Bahía de Ha Long guardada como fondo de pantalla desde hacía años, de esas imágenes que uno mira sin plantearse en serio ir. Lo que me empujó por fin fue la combinación completa: Hanói con su caos ordenado y su café de huevo, la bahía con sus moles de piedra caliza saliendo del agua como si alguien las hubiera dejado ahí a propósito, y Hoi An con sus farolillos y su casco antiguo que no admite coches. Doce días, sola, con cámara y sin más plan que el que fui montando con la ayuda de tuPetate antes de salir.

Fui en diciembre, que en el norte de Vietnam es temporada seca y fresca —nada que ver con el calor húmedo del verano— y en el centro, hacia Hoi An, todavía se puede estar en manga corta sin agobiarse. Hice la ruta clásica de norte a centro: Hanói primero, un crucero de dos días y una noche por la bahía, y un cierre largo en Hoi An, con margen suficiente para no tener que elegir entre el mercado de la mañana y el templo de la tarde.

Lo cuento tal como lo viví, con los precios que apunté día a día, por si te sirve de plantilla para tu propio viaje. Viajar sola por Vietnam resultó mucho más sencillo de lo que había imaginado: el país está acostumbrado al turista independiente, el transporte funciona, y la sensación de inseguridad que a veces se anticipa desde fuera no se sostuvo ni un solo día sobre el terreno.

Día 1-2 — Llegada a Hanói: el Barrio Antiguo y el primer café de huevo

A group of people riding motorcycles down a street
Foto de Rizki Oceano en Unsplash

El vuelo desde Madrid tiene una escala larga —en mi caso, en Doha— y se llega a Hanói ya de noche. Reservé un hostal boutique en el corazón del Barrio Antiguo, el Hanoi Lullaby, una casa estrecha de varias plantas con terraza y desayuno incluido, unos 28 € la noche en habitación individual con baño propio. Entrar en el Barrio Antiguo por primera vez, con las motos circulando por todas partes y los cables cruzando la calle de fachada a fachada, es la postal que todo el mundo describe y que, aun sabiéndola de memoria, impresiona igual la primera vez que la cruzas a pie.

Los dos primeros días completos los dediqué a caminar sin prisa. El lago Hoan Kiem, con su pequeño templo en un islote al que se llega por un puente rojo, es el punto donde conviene empezar: a primera hora de la mañana se llena de gente haciendo taichí y de parejas mayores paseando, y la luz plana del amanecer es la mejor para fotografiar el puente sin el tráfico de media mañana de fondo. Desde ahí, el Barrio Antiguo se recorre en espiral, calle por calle, cada una especializada en un gremio distinto desde hace siglos —la calle de la seda, la de la ferretería, la del algodón— y el nombre de la calle todavía lo delata.

El café de huevo —cà phê trứng— lo probé en un local pequeño con vistas al lago, una yema batida con leche condensada que flota como una espuma densa sobre el café; cuesta poco más de un euro y es de esas cosas que suenan raras hasta que las pruebas. Por la tarde me acerqué al Templo de la Literatura, la primera universidad de Vietnam, con sus patios sucesivos y las estelas de piedra sobre tortugas que listan los nombres de quienes aprobaron los exámenes imperiales hace siglos; la entrada cuesta unos 2 €, poco para el silencio que se respira en cuanto se cruza la puerta principal, tan distinto al bullicio de la calle de fuera.

Día 3 — El tren, el mercado de Dong Xuan y la vida nocturna del lago

A train traveling down train tracks next to a crowd of people
Foto de Ryan Le en Unsplash

La calle del tren —Train Street— es de esas paradas que uno ve en todas las fotos de Hanói y que, en persona, se queda corta de espacio: las vías pasan a menos de un metro de las puertas de las casas y, cuando se acerca la hora del tren, un vecino sale a avisar y todo el mundo recoge mesas y sillas en segundos. Conviene consultar el horario del día porque varía, y quedarse en los tramos donde algún café permite sentarse a tomar algo mientras se espera; no es un espectáculo montado para el turista, es la calle donde vive gente de verdad, y conviene comportarse en consecuencia.

El mercado de Dong Xuan, el más grande del Barrio Antiguo, es un edificio de varias plantas donde se vende de todo: telas, especias, zapatillas, fruta, menaje de cocina. La planta baja, por fuera, tiene un mercado de comida callejera que funciona mejor al mediodía, con puestos de bún chả —fideos de arroz con cerdo a la brasa y una salsa agridulce— por un par de euros el plato. Me senté en un taburete bajo de plástico, como todo el mundo, y comí mirando pasar la calle; es probablemente la comida que más recuerdo de Hanói.

Por la noche, el entorno del lago Hoan Kiem cambia de ritmo: los fines de semana se corta el tráfico y la zona se llena de gente joven jugando a juegos de calle, grupos cantando con altavoces portátiles y vendedores de globos. No es una vida nocturna de bares como en otras capitales asiáticas, sino algo más familiar y espontáneo, y se disfruta igual yendo sola, simplemente paseando entre la gente sin prisa por llegar a ningún sitio.

Día 4-5 — Crucero por la Bahía de Ha Long: dos días, una noche

boat surrounder by islands
Foto de Warren en Unsplash

Reservé un crucero de dos días y una noche con recogida incluida desde el hostal de Hanói, unas cuatro horas de carretera hasta el puerto. La embarcación, un junco de estilo tradicional con una treintena de camarotes, costó unos 95 € con pensión completa, kayak y entrada a una cueva incluidos. Para quien viaja sola, estas excursiones organizadas funcionan especialmente bien: todo el grupo come en las mismas mesas grandes, así que es fácil acabar charlando con quien se sienta al lado sin tener que organizar nada.

La bahía, nada más entrar en ella, cambia la escala de todo: casi dos mil islotes de piedra caliza, muchos cubiertos de vegetación densa, saliendo del agua verde oscuro en todas direcciones hasta donde llega la vista. Por la tarde el barco paró para hacer kayak entre dos islotes, en un canal estrecho donde el agua estaba completamente en calma, y después se visitó la cueva de Sung Sot —la Cueva de las Sorpresas—, una gruta enorme con formaciones de estalactitas iluminadas que, a pesar de la cantidad de gente que entra a diario, conserva algo de la sensación de descubrimiento que le dio nombre.

La noche se pasa anclado en algún punto tranquilo de la bahía, y vale la pena subir a cubierta antes de dormir: sin luz de ciudad alrededor, se ven bien las estrellas y el silencio es casi total, solo roto por el agua contra el casco. El amanecer del segundo día, con la niebla baja enredándose entre los islotes más cercanos antes de que el sol la deshaga, fue de las escenas que más fotografié de todo el viaje —la luz de esa primera hora, entre gris y dorada, no se repite igual el resto del día—. El crucero termina a media tarde del segundo día, de vuelta en el puerto y después en Hanói, donde dormí una última noche antes del vuelo interno.

Día 6-7 — Vuelo a Da Nang y primer contacto con Hoi An

closeup photography of lighted oil lantern
Foto de Vincent Guth en Unsplash

El trayecto de Hanói a Da Nang se hace en algo menos de dos horas de vuelo, con varias aerolíneas de bajo coste que cubren la ruta a diario; el billete, reservado con un par de semanas de antelación, costó unos 45 €. Desde el aeropuerto de Da Nang hasta Hoi An hay un trayecto en taxi de unos 45 minutos que ronda los 12-15 €, y conviene compartirlo si se coincide con alguien en el aeropuerto, aunque yo lo hice sola sin mayor complicación.

Me alojé en una casa de huéspedes familiar a las afueras del casco antiguo, el An Bang Garden House, con bicicletas de uso gratuito para los huéspedes y un jardín con hamacas; unos 22 € la noche con desayuno. La cercanía a la playa de An Bang, a diez minutos en bicicleta, y al casco antiguo, a quince, hizo que me moviera siempre en bici el resto de la estancia, algo que en Hoi An es tan habitual que apenas se nota el tráfico de coches, porque el centro histórico directamente no los admite.

La primera tarde la dediqué solo a perderme por el casco antiguo sin cámara en la mano, cosa rara para mí, solo para hacerme una idea del sitio antes de empezar a fotografiarlo en serio. Las fachadas amarillas, los farolillos de seda colgando de cada balcón y el río Thu Bon cruzado por el puente japonés cubierto —de madera, con tejado curvo, de varios siglos de antigüedad— explican por qué Hoi An tiene fama de ser el pueblo más fotogénico de Vietnam incluso antes de que caiga la noche, que es cuando de verdad se enciende todo.

Día 8 — Hoi An de noche: farolillos, el río y el mercado central

Lamps float on a dark river at night
Foto de Jason Pham en Unsplash

El casco antiguo de Hoi An cambia por completo cuando cae la luz: a partir de las seis de la tarde se apagan buena parte de las farolas de la calle y se encienden en su lugar cientos de farolillos de colores en fachadas, puentes y barcas, y el ambiente pasa de pueblo tranquilo a escenario casi teatral, sin dejar de sentirse auténtico. En las noches de luna llena, que siguen el calendario lunar y conviene comprobar antes de ir si coinciden con las fechas del viaje, se corta además la electricidad general de varias calles y toda la iluminación pasa a depender solo de los farolillos, lo que intensifica aún más el efecto.

Desde el muelle junto al puente japonés se puede subir a una pequeña barca de remo, guiada por una mujer con sombrero cónico, para navegar el tramo del río frente al casco antiguo; el paseo dura unos veinte minutos y cuesta alrededor de 5 €, e incluye la opción —casi obligatoria para quien lleva cámara— de soltar un farolillo de papel flotante sobre el agua. Fotografiar la fila de farolillos reflejados en el río, con las barcas cruzando entre ellos, me llevó más tiempo del que pensaba, porque cada minuto cambiaba la luz lo suficiente como para querer repetir la toma.

El mercado central, abierto también de noche junto al río, tiene puestos de comida donde probé cao lầu, unos fideos gruesos propios de Hoi An que solo se hacen con agua de un pozo concreto de la zona —según cuentan los puestos, aunque no he podido verificar el dato más allá de la leyenda local— servidos con cerdo, hierbas frescas y cortezas crujientes; el plato cuesta alrededor de 2 €. Cenar allí, de pie entre los puestos y con el río de fondo, fue de los mejores ratos del viaje precisamente por no tener que reservar nada ni planificar dónde sentarse.

Día 9-10 — Clase de cocina, la playa de An Bang y el amanecer en bicicleta

Fishing boats on the water under a low sun with soft clouds
Foto de Hạnh Kiều en Unsplash

Reservé una clase de cocina de medio día con una familia local, con recogida incluida desde el alojamiento: empezó con una visita al mercado de verduras y hierbas antes de las nueve de la mañana, siguió con la preparación de varios platos —entre ellos rollitos de primavera frescos y banh xeo, una especie de crepe de arroz relleno de gambas y brotes de soja— y terminó comiéndonos lo que habíamos cocinado. Costó unos 30 € y mereció cada céntimo, sobre todo por el rato en el mercado, donde la guía iba explicando para qué sirve cada hierba que la mayoría de turistas pasaría de largo sin reconocer.

La playa de An Bang, a la que volví varias mañanas en bicicleta, tiene una arena fina y poca pendiente, con una hilera de chiringuitos sencillos de bambú donde se puede alquilar una tumbona por el precio de una consumición. Lo que más me gustó fue ir al amanecer, sobre las seis y media de la mañana en diciembre, cuando todavía quedan en la orilla algunas barcas de pescadores con forma redonda —las thuyền thúng, cestas de bambú impermeabilizadas que llevan usándose siglos en esta costa— antes de que salgan a faenar o vuelvan con la pesca de la noche. La luz de esa hora, rasante sobre el agua, es la que mejor explica por qué tantos fotógrafos recomiendan madrugar en Vietnam aunque las vacaciones inviten a lo contrario.

Una tarde la dediqué a las Islas Cham, un archipiélago frente a la costa de Hoi An al que se llega en lancha rápida en unos veinticinco minutos, con buen fondo para buceo de superficie en la zona protegida; la excursión de día completo, con snórquel y comida incluidos, costó unos 25 €. El agua, mucho más clara que en la costa continental, y el contraste con la selva que cubre las islas hasta la misma orilla, lo convirtieron en un buen descanso de tanto casco antiguo y tanto mercado.

Día 11-12 — Última mañana en Hoi An y vuelta a casa

Man in traditional blue outfit in narrow alley
Foto de Ao Dai Hoi An for rent and sale Ao Dai photography in Hoi An en Unsplash

Reservé la última mañana para volver sin prisa a los sitios que más me habían gustado, sin lista de pendientes ni cámara con urgencia: un último café vietnamita con hielo en una terraza frente al río, un paseo final por las calles amarillas del casco antiguo ya sin el gentío del mediodía, y una compra de última hora en uno de los sastres de Hoi An, famosos por confeccionar ropa a medida en 24 horas; encargué una camisa de lino el primer día de estancia y la recogí ya terminada, por unos 18 €.

El trayecto de vuelta fue en sentido inverso: taxi hasta el aeropuerto de Da Nang, vuelo de enlace y la conexión larga desde Hanói o directamente desde Da Nang según la aerolínea, con la misma escala de ida. Llegar a un aeropuerto grande después de casi dos semanas moviéndome en bicicleta y taxi compartido por ciudades pequeñas se nota, y es buena señal de que el viaje ha cumplido su función: cambiar de ritmo del todo, aunque solo sea por un rato.

De las tres paradas, si tuviera que quedarme con una imagen de todo el viaje, sería la del amanecer en la bahía, con la niebla deshaciéndose despacio entre los islotes. Pero el conjunto —el caos ordenado de Hanói, el silencio del agua en Ha Long y los farolillos de Hoi An reflejados en el río— es lo que hace que Vietnam, más que ningún otro destino que haya visitado sola, se quede pidiendo volver.

Preguntas frecuentes

¿Es seguro viajar sola por Vietnam?
Sí, en general es un país seguro para viajar en solitario, incluido para mujeres. Las precauciones habituales de cualquier destino turístico —vigilar las pertenencias en zonas concurridas, usar transporte reconocido de noche— bastan. Los cruceros y clases de cocina en grupo, además, hacen fácil conocer a otros viajeros si apetece compañía.
¿Cuál es la mejor época para visitar Hanói, Ha Long y Hoi An?
Diciembre y enero son buena opción: en el norte (Hanói, Ha Long) el clima es seco y fresco, sin el calor húmedo del verano, y en el centro (Hoi An) todavía se puede disfrutar de la playa con temperaturas agradables. Conviene evitar la temporada de tifones en el centro-norte, entre septiembre y noviembre.
¿Necesito visado para entrar en Vietnam?
Los ciudadanos españoles necesitan visado o autorización electrónica (e-visa) para entrar en Vietnam; conviene gestionarlo con antelación a través de los canales oficiales antes de viajar, ya que los requisitos pueden cambiar.
¿Cuántos días hacen falta para la Bahía de Ha Long?
Un crucero de dos días y una noche permite ver lo esencial —kayak, alguna cueva y el amanecer entre los islotes— sin que resulte precipitado. Quien disponga de más tiempo puede optar por cruceros de tres días que añaden otra zona de la bahía, como Lan Ha.
¿Cuánto cuesta un viaje de 12 días a Vietnam?
Viajando en solitario con un presupuesto medio, el viaje completo —vuelos, alojamiento, transporte interno, actividades y comidas— ronda los 1.500-1.900 €. El billete internacional y el crucero por la bahía son las partidas más altas; el día a día en Hanói y Hoi An es barato incluso comiendo bien.

Coste del viaje, desglosado

Vuelos i/v
Madrid–Hanói con escala, ida y vuelta
620 €
Alojamiento (10 noches)
Hostal boutique en Hanói (4 noches) + casa de huéspedes en Hoi An (5 noches) + camarote en el crucero (1 noche)
350 €
Crucero por la Bahía de Ha Long
2 días/1 noche, pensión completa, kayak y cueva incluidos
95 €
Transporte interno
Vuelo Hanói–Da Nang + taxis + bicicleta en Hoi An
90 €
Actividades
Clase de cocina, paseo en barca, excursión a las Islas Cham, entradas
80 €
Conectividad y seguro
eSIM + seguro de viaje (Asia)
95 €
Comidas y extras (estimado)
12 días de comida callejera y alguna compra (sastre, mercado)
180–260 €
Total estimado (1 persona)1.510 – 1.590 €

Precios orientativos para 1 persona, recogidos durante la planificación del viaje. La comida callejera en Vietnam es muy económica; el margen mayor está en vuelos internacionales y en si se opta por alojamiento con más o menos categoría.

Reservas del viaje

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  • Vuelo Madrid–Hanói (i/v)
    Con escala, ida y vuelta · Aviasales
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  • Alojamiento en Hanói (Barrio Antiguo)
    Hostal boutique con desayuno, base de los primeros días · Stay22
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  • Alojamiento en Hoi An
    Casa de huéspedes con bicicletas, cerca de la playa de An Bang · Stay22
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  • Crucero por la Bahía de Ha Long (2 días/1 noche)
    Kayak, cueva y recogida desde Hanói incluidos · GetYourGuide
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  • Clase de cocina y excursión a las Islas Cham
    Mercado, cocina vietnamita y snórquel en Hoi An · GetYourGuide
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  • eSIM con datos
    12 días de conectividad en Vietnam · Holafly
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  • Seguro de viaje (Asia)
    Cobertura completa para Vietnam · EKTA
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¿Dónde dormir?

Hanoi Lullaby

Hostal boutique de varias plantas en pleno Barrio Antiguo de Hanói, con terraza y desayuno incluido; buena base para los primeros y últimos días de la ruta.

28 €/noche
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Doce días dan para ver el norte y el centro de Vietnam sin ir con la lengua fuera, y la ruta admite perfectamente alargarla hacia el sur —Hue, Ho Chi Minh, el delta del Mekong— si el tiempo lo permite. Viajar sola no fue en ningún momento un obstáculo: el país está preparado para el viajero independiente, el transporte funciona con normalidad y siempre hay alguien con quien compartir mesa, sobre todo en los cruceros y las clases de cocina.

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