Highlands, Escocia
Road trip por las Highlands escocesas con perro: castillos, lochs y brezo salvaje
Ruta en coche por las Highlands de Escocia con perro: costa norte, Loch Ness, castillos en ruinas y brezales. Consejos reales para viajar con tu compañero.
Hay carreteras que se recuerdan por lo que hay a los lados y otras por la propia carretera, esa cinta de asfalto estrecho que sube, baja y se pierde entre montañas peladas. Las Highlands son de las segundas. Recuerdo el primer tramo de curvas cerradas bajando hacia la costa oeste, con Nube —mi border collie, blanco y negro, orejas siempre en alerta— con el morro pegado a la ventanilla y un silencio en el coche que solo rompía el viento. No había pueblos, apenas señales, solo brezo morado hasta donde alcanzaba la vista y, de fondo, ovejas que ni levantaban la cabeza a nuestro paso.
Nube tiene cuatro años y la energía de quien nació para trabajar en el campo, aunque su único rebaño somos mi pareja y yo. Es una perra que se aburre en la ciudad y que en las Highlands, en cambio, parecía haber encontrado su sitio: el terreno abierto, el viento constante, la ausencia total de tráfico en muchos tramos. Escocia no tiene el filtro estricto con los perros que uno podría imaginar de un país de reglas claras; tiene, al contrario, una tradición de acceso libre a la naturaleza —el llamado "right to roam"— que hace que caminar con un perro suelto por el campo, lejos de ganado y aves nidificantes, sea lo más normal del mundo.
Montamos la ruta con la ayuda de tuPetate, que nos organizó el alojamiento pet-friendly en cada etapa y nos dejó margen para decidir sobre la marcha cuánto quedarnos en cada loch o cada castillo en ruinas. Lo que cuento aquí es justo eso: un itinerario de ejemplo por la costa norte y el interior de las Highlands, pensado para ir en coche propio con un perro detrás, sin prisa, con paradas donde el paisaje lo pida.
Por qué las Highlands se recorren en coche y con perro
Las Highlands no son un destino de itinerario cerrado por horas, sino de carretera abierta. La región ocupa buena parte del norte de Escocia y tiene una densidad de población bajísima: kilómetros y kilómetros de landas de brezo, bosques de pinos y costas recortadas sin apenas núcleos habitados entre medias. Eso, que a algunos les puede parecer vacío, es exactamente lo que hace que un perro disfrute tanto: hierba, agua, espacio y, la mayor parte del año, temperaturas suaves que no obligan a esconderse del calor a mediodía.
El "right to roam" escocés —el derecho de acceso responsable al campo, recogido en la Land Reform Act de 2003— permite caminar por casi cualquier terreno abierto, incluidas fincas privadas, siempre que se respeten unas normas básicas: no molestar al ganado, llevar al perro con correa en época de cría de aves silvestres (primavera, sobre todo abril y mayo) y cerca de ovejas, y recoger sus deposiciones. Es una libertad que en España no tenemos y que se nota en cada parada: aquí nadie te mira raro por dejar que tu perro corra por un prado que no es tuyo.
Muchas de las zonas más espectaculares —los lochs, los castillos en ruinas, los tramos de costa— tienen aparcamientos pequeños junto a la carretera y senderos cortos que arrancan directamente desde ahí. Eso hace que el ritmo del viaje lo marque el propio perro: paras cuando el paisaje te llama, y en cinco minutos estás caminando por brezo en vez de mirándolo desde la ventanilla.
El punto de partida: Inverness y la orilla del Loch Ness
Inverness es la puerta de entrada natural a las Highlands: la ciudad más grande del norte de Escocia, con aeropuerto propio y bien conectada por carretera con el resto del país. No es un destino en sí —es compacta y se ve en una mañana—, pero es donde conviene alquilar el coche y hacer noche antes de salir hacia el norte, sobre todo si se llega con el cansancio acumulado del vuelo y un perro que necesita estirarse tras horas de viaje.
Desde Inverness, la carretera bordea enseguida el Loch Ness, el lago más conocido de Escocia y también uno de los más largos: más de 36 kilómetros de agua oscura encajonada entre laderas boscosas. La leyenda del monstruo es el reclamo turístico, pero lo que de verdad se lleva uno es la sensación del lugar: el agua tan oscura que parece tinta, por la turba que arrastra desde las montañas, y una calma que solo rompen las gaviotas. Hay varios miradores con aparcamiento junto a la orilla donde merece la pena parar, dejar que Nube meta las patas en el agua fría y quedarse un rato mirando cómo cambia la luz sobre el lago.
A orillas del Loch Ness, las ruinas del castillo de Urquhart son la parada obligada de esta primera etapa: una fortaleza medieval semiderruida sobre un promontorio que se asoma directamente al agua. El recinto exterior y los jardines se recorren con perro sin problema; solo el interior de las torres y las salas expositivas quedan fuera de su alcance, como es habitual en los monumentos históricos escoceses.
Rumbo a la costa oeste: Applecross y el paso de Bealach na Bà
De Inverness hacia la costa oeste, la carretera empieza a estrecharse y a subir. La zona de Wester Ross es una de las más agrestes de todas las Highlands: montañas de roca desnuda, valles glaciares y una costa recortada de fiordos que aquí llaman sea lochs. El tramo hacia la península de Applecross incluye el Bealach na Bà, un puerto de montaña con curvas cerradas en herradura que sube por encima de los 600 metros y que está entre las carreteras de mayor desnivel de todo el Reino Unido.
No es una carretera para tener prisa: es estrecha, de un solo carril en varios tramos con apartaderos para cruzarse, y en días de niebla o viento fuerte conviene informarse antes de subir. Pero arriba, en el punto más alto, el paisaje se abre de golpe hacia las islas de Skye y Raasay al otro lado del mar, y el silencio es tan denso que se nota el propio pulso. Nosotros paramos ahí arriba más de media hora, con Nube correteando entre las rocas mientras las nubes bajaban y subían por la ladera.
Al otro lado del puerto, el pueblo de Applecross es apenas un puñado de casas junto a una playa de guijarros, con un pub que sirve marisco recién sacado del mar. Es el tipo de sitio donde uno se queda más tiempo del planeado: la playa es tranquila, sin oleaje fuerte, y perfecta para que un perro con instinto pastor como Nube persiga olas sin hacer ningún daño. Si el tiempo aprieta, se puede evitar el Bealach na Bà y llegar a Applecross por la carretera de la costa, más larga pero sin el desnivel del puerto de montaña.
La costa norte: acantilados, playas vacías y el fin del mapa
Subir hacia la costa norte —hacia Durness y el extremo noroccidental, en la ruta que mucha gente conoce como North Coast 500— es entrar en el territorio más despoblado de las Highlands. Aquí las carreteras se vuelven de un solo carril durante largos tramos, con apartaderos marcados cada pocos cientos de metros para dejar pasar al coche que viene de frente. Se conduce despacio, no por obligación sino porque el paisaje no deja otra opción: montañas que parecen esculpidas a base de viento, lagos diminutos sin nombre y, de vez en cuando, una casa solitaria con humo saliendo de la chimenea.
Las playas de esta costa son de las cosas que más nos sorprendieron. Arena blanca, agua de un turquesa que no esperábamos tan al norte, y casi siempre vacías, incluso en los meses de más afluencia. Sandwood Bay, a la que solo se llega tras una caminata de unos ocho kilómetros sin carretera, es la más remota y la más recompensante: dunas altas, un peñasco de roca solitario en el mar y ni un alma. Para quien no quiera caminar tanto, hay playas igual de bonitas y mucho más accesibles en coche, como las de Durness, donde Nube pudo correr suelta de punta a punta sin cruzarse con nadie.
Esta zona vive del turismo de paso, así que conviene planificar dónde repostar y comer: los pueblos son pequeños y las tiendas escasean fuera de temporada alta. Es también donde más se agradece llevar comida y agua para el perro en el coche, porque entre pueblo y pueblo puede pasar más de una hora sin ver una tienda abierta.
Castillos y brezales: la cara más agreste del interior
Volviendo hacia el interior desde la costa norte, el paisaje cambia de nuevo: los acantilados dan paso a extensiones enormes de brezo, el moor escocés, que en verano —de finales de julio a septiembre— se tiñe de un morado intenso que cubre laderas enteras hasta donde alcanza la vista. Es un paisaje que impone por su escala: no hay vallas, apenas hay árboles, y el viento sopla casi siempre, lo que le da al brezal un movimiento constante, como si respirara.
En mitad de este territorio abierto aparecen, de tanto en tanto, castillos en ruinas que ya no protegen nada: torres desmochadas, muros sin techo, rodeados de hierba donde antes hubo fosos y patios de armas. A diferencia de los castillos restaurados y llenos de visitantes de las ciudades, estas ruinas de las Highlands suelen tener acceso libre o un aparcamiento pequeño junto a la carretera, sin colas ni horarios estrictos, y se pueden rodear a pie con el perro suelto siempre que no haya ganado cerca. Hay algo en ver una fortaleza medieval deshabitada, con el brezo creciendo entre las piedras caídas, que cuenta mejor la historia de este territorio que cualquier panel informativo.
Estos tramos de interior también son donde más ciervos rojos se ven, sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando bajan de las zonas altas a pastar. Si vais con perro, conviene llevarlo con correa en cuanto se detecten ciervos cerca de la carretera o del sendero: no por peligro para el perro, sino porque un perro con instinto de persecución —como Nube, que es border collie hasta la médula— puede salir detrás de un ciervo en cuestión de segundos y perderse de vista en un terreno sin referencias.
Comer, dormir y repostar: la logística de un territorio despoblado
Viajar por las Highlands exige un cambio de mentalidad respecto a un road trip por ciudades: aquí no hay una gasolinera en cada esquina ni un supermercado abierto hasta tarde. En los tramos más remotos de la costa norte y del oeste, conviene repostar en cuanto el depósito baja de la mitad, porque puede pasar bastante trayecto hasta la siguiente estación, y algunas cierran pronto por la tarde fuera de temporada alta.
El alojamiento con perro no es un problema en esta región: al contrario que en las grandes ciudades, buena parte de los B&B, posadas rurales y cabañas de las Highlands están acostumbradas a huéspedes con perro, porque gran parte de quien viaja aquí lo hace precisamente para caminar por el campo con su compañero. Aun así, conviene confirmar antes de reservar, porque las plazas son limitadas —muchos alojamientos tienen solo unas pocas habitaciones— y en temporada alta, entre junio y agosto, se llenan con semanas de antelación.
En cuanto a la comida, los pubs de pueblo son el recurso más fiable: casi todos tienen zona con perros admitidos, sirven platos contundentes —guisos de venado, pescado del día, sopas espesas— y en muchos el propio dueño tiene su perro tumbado junto a la chimenea, lo que da una idea de lo integrados que están los animales en la vida cotidiana escocesa. Nube se ha tumbado bajo más mesas de pub en esta ruta que en el resto de viajes juntos.
Clima y equipaje: lo que hay que saber antes de salir
El clima de las Highlands es el factor que más condiciona el viaje, y conviene ir con las expectativas ajustadas. Puede cambiar varias veces en una misma tarde: sol, niebla baja y lluvia fina se suceden sin previo aviso, incluso en los meses de verano. La media de precipitación es alta durante todo el año, así que un chubasquero para el perro y ropa de abrigo por capas no son opcionales, sean cuales sean las fechas del viaje.
Los meses de mayo a septiembre son, en general, los más agradecidos: días largos —con luz hasta pasadas las diez de la noche en junio—, temperaturas suaves de entre 12 y 18 grados, y el brezo en flor a partir de finales de julio. El inconveniente de este periodo son los midges, unos mosquitos diminutos propios de las zonas húmedas de Escocia que aparecen sobre todo al atardecer en días sin viento; no pican a los perros con la misma intensidad que a las personas, pero conviene llevar repelente propio para las horas de más actividad, especialmente cerca de lagos y bosques.
Fuera de esa temporada, el otoño tiñe los bosques de tonos ocres y hay menos gente, aunque los días se acortan mucho; el invierno trae nieve en las cotas altas y algunas carreteras de montaña, como el Bealach na Bà, pueden cerrarse temporalmente por hielo, así que conviene comprobar el estado de la carretera antes de subir si se viaja entre noviembre y marzo.
Preguntas frecuentes
- ¿Es fácil viajar por las Highlands con perro?
- Sí, es una de las regiones de Europa más cómodas para viajar con perro. Escocia tiene un derecho de acceso libre al campo (el "right to roam") que permite pasear por la mayoría de terrenos abiertos con el perro suelto, siempre con correa cerca de ganado o en época de cría de aves (sobre todo abril y mayo). La mayoría de alojamientos rurales y pubs de pueblo están acostumbrados a huéspedes con perro.
- ¿Cuándo es la mejor época para hacer este road trip?
- De mayo a septiembre, por los días largos y las temperaturas suaves; el brezo florece a partir de finales de julio y durante agosto. El principal inconveniente de estos meses son los midges, unos mosquitos que aparecen al atardecer en días sin viento, sobre todo cerca de agua y bosques. El otoño ofrece bosques de colores y menos gente, pero días más cortos; en invierno algunas carreteras de montaña pueden cerrarse por nieve o hielo.
- ¿Hace falta un coche especial para carreteras como el Bealach na Bà?
- No hace falta un vehículo específico, pero sí ir con calma: son carreteras de montaña estrechas, con curvas cerradas y tramos de un solo carril con apartaderos. Conviene evitarlas con niebla densa o viento fuerte y comprobar el estado de la carretera en invierno. Quien prefiera evitar el desnivel puede rodear por la carretera de costa, más larga pero sin puerto de montaña.
- ¿Qué documentación necesita el perro para entrar a Escocia desde España?
- El Reino Unido, desde su salida de la Unión Europea, exige un Certificado Sanitario de Animal de Compañía (AHC) en lugar del pasaporte europeo, tramitado por un veterinario autorizado en los diez días previos al viaje, junto con microchip y vacuna antirrábica en vigor con al menos 21 días de validez. Conviene comprobar los requisitos vigentes antes de reservar, porque pueden variar el plazo o la documentación exigida.
- ¿Se puede hacer la ruta sin coche propio, solo con coche de alquiler?
- Sí, es la opción más habitual para quien llega en avión. Inverness tiene aeropuerto propio con buena oferta de alquiler de coches, y es el punto de partida lógico para salir hacia la costa oeste, el norte y volver por el interior. Conviene reservar un modelo con maletero amplio para el perro y el equipaje de varios días de ruta.
Coste del viaje, desglosado
Vuelos ida y vuelta (2 personas) España–Inverness (con escala habitual) | 220–380 € |
Alquiler de coche (7 días) Vehículo con maletero amplio para el perro y el equipaje | 280–420 € |
Alojamiento (6 noches) B&B y posadas rurales pet-friendly en distintas etapas | 600–900 € |
Gasolina Ruta circular Inverness–costa oeste–costa norte–interior | 120–160 € |
Comidas (2 personas, 7 días) Pubs de pueblo, desayunos incluidos en el alojamiento | 280–380 € |
Entradas y actividades Castillo de Urquhart y paradas puntuales | 30–50 € |
Seguro de viaje 2 personas · cancelación y asistencia en el extranjero | 25–40 € |
| Total orientativo (2 adultos + 1 perro, 7 días con coche de alquiler) | 1.555–2.330 € |
Precios orientativos. El alojamiento en las Highlands varía mucho según la temporada: en julio y agosto puede costar bastante más que en mayo, junio o septiembre. Los vuelos dependen de la ciudad de origen y de la antelación de la reserva.
Reservas del viaje
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- 300 €Ver →Vuelo Madrid–Inverness (i/v)2 personas, con escala habitual · Aviasales
- Ver →Alojamiento pet-friendly en las HighlandsB&B o posada rural que admite perros, varias etapas · Stay22
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- Ver →Tours y excursiones por el Loch Ness y las HighlandsVisitas guiadas al castillo de Urquhart y paseos en barco por el lago · GetYourGuide
- Ver →Seguro de viaje para la escapada2 personas · cancelación y asistencia en el extranjero · EKTA
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De todos los road trips que hemos hecho con Nube, las Highlands son el que más veces hemos hablado de repetir, y no por un único sitio, sino por la sensación general del viaje: la carretera vacía, el brezo hasta el horizonte, un castillo en ruinas sin cola de gente y una perra que en cada parada encontraba un prado nuevo que explorar. Es un territorio que premia la conducción lenta y las paradas no planeadas, justo lo contrario de lo que suele pedir un itinerario cerrado.
Si te apetece montar algo parecido, tuPetate puede ayudarte a organizar el alojamiento pet-friendly en cada etapa y a encajar las distancias reales entre paradas, que en carreteras de montaña siempre llevan más tiempo del que marca el mapa. El resto —cuánto os quedáis en cada loch, si subís al Bealach na Bà o bordeáis la costa, en qué playa vacía dejáis correr a vuestro perro— eso ya lo decidís sobre la marcha, que es como mejor se disfrutan las Highlands.
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