Croacia (Split · Hvar · Dubrovnik)
Island hopping por la costa dálmata: Split, Hvar y Dubrovnik en 8 noches
Nuestro island hopping por Croacia en pareja: Split, Hvar y Dubrovnik en ferry, sin coche, con vuelo open-jaw, calas Pakleni, murallas al amanecer y lo que paga
Croacia nos rondaba la cabeza desde que vimos por primera vez una foto de la Ciudad Vieja de Dubrovnik amurallada sobre el Adriático, y la duda siempre era la misma: ¿alquilamos coche o nos movemos por mar? Cuando entendimos que el archipiélago dálmata se recorre en ferry —y que el coche, lejos de ayudar, es un estorbo para aparcar en cascos históricos donde los hoteles están literalmente dentro de las murallas—, el viaje se ordenó solo. Tres paradas enlazadas por barco, una maleta cada uno y nada de buscar gasolinera.
Fuimos Quim y yo, saliendo de Madrid, y montamos las ocho noches con la ayuda de tuPetate en un arco muy claro: dos noches en Split para empaparnos de la Split romana, tres en Hvar para vivir las calas y la vida de puerto, y tres en Dubrovnik para las murallas y el mar. El truco que más juego nos dio fue el vuelo open-jaw: entramos por Split y salimos por Dubrovnik, así no repetimos ni un solo trayecto. Elegimos julio a propósito —plena temporada de playa en el Adriático, agua cálida y los campos de lavanda de Hvar en flor—, sabiendo que también es cuando todo se llena y conviene reservar ferries y murallas con tiempo.
Os cuento cómo nos fue, lo que más nos sorprendió y las cosas que conviene dejar cerradas antes de salir: los ferries en temporada alta, la entrada a las murallas de Dubrovnik y un par de mesas dálmatas que se reservan con días de antelación.
Split: vivir dentro del Palacio de Diocleciano
Aterrizamos en Split por la tarde y nos instalamos en el Cornaro, un cuatro estrellas pegado al casco histórico, con una azotea desde la que se ve media ciudad. Lo primero, sin deshacer del todo la maleta, fue bajar al Peristilo, el corazón del Palacio de Diocleciano. Y aquí está lo que no se entiende hasta que lo pisas: Split no tiene un palacio romano que se visita, Split vive dentro del palacio. Las columnas del siglo IV sostienen cafeterías, las plazas son patios imperiales y la gente cuelga la colada entre muros de mil setecientos años. Con la luz dorada del atardecer sobre la piedra blanca, el Peristilo es de esas estampas que se quedan.
Esa primera noche cenamos en la Konoba Fetivi, una taberna escondida en el casco que nos habían recomendado como la opción local de verdad: peka —carne o pulpo cocinados lentamente bajo una campana de hierro y brasas—, vino dálmata y la cuenta honesta. La bienvenida perfecta.
Al día siguiente le dedicamos la mañana a entender la ciudad con un tour a pie de un par de horas por el Palacio, la Catedral de San Doimo (que fue el mausoleo del propio emperador antes que iglesia) y las callejuelas medievales. Por la tarde, baño en Bačvice, la playa urbana de arena a diez minutos a pie, donde los locales juegan al picigin, ese juego de mantener una pelotita en el agua sin dejarla caer.
Split → Hvar en ferry y la fortaleza Španjola al atardecer
El tercer día cambiamos de isla por mar, que es como debe hacerse. El catamarán rápido del puerto de Split a Hvar son apenas unos cincuenta minutos, y en julio hay salidas casi a todas horas; nosotros lo reservamos online unos días antes para no jugárnosla con el cupo de temporada alta. Llegar a Hvar Town por mar, con sus tejados rojos descolgándose hacia el puerto lleno de veleros, ya merece el billete.
Nos alojamos en el Adriana, en pleno paseo marítimo, con una piscina infinita en la azotea desde la que se mira el Adriático mientras el pueblo se enciende abajo. Por la tarde subimos andando a la fortaleza Španjola, una fortificación del siglo XIII que corona el pueblo: son unos quince minutos de cuesta y se llega justo a tiempo para el atardecer. Desde arriba se ven las islas Pakleni recortadas sobre un mar que pasa del turquesa al violeta según cae el sol. Llevad agua y calzado cómodo, porque el último tramo es empinado y en julio aún aprieta el calor a esa hora.
Hvar: calas Pakleni, lavanda y mesas al mar
Hvar fue nuestro tramo de mar y calma, y le dimos tres noches a propósito. El día estrella es el de las islas Pakleni: un taxi boat sale del propio puerto de Hvar y en pocos minutos te deja en un archipiélago de calas de agua transparente, perfectas para nadar y hacer snorkel. Pasamos la mañana saltando de cala en cala con un picnic, y a la vuelta nos quedamos a comer largo en Dva Ribara —«los dos pescadores»—, una taverna con vistas al puerto donde el marisco a la brasa, la sepia a la plancha y la langosta saben aún mejor con el sol de mediodía sobre el agua.
Dejamos otra jornada para el interior de la isla, que casi nadie ve y que en julio es pura postal: los campos de lavanda en flor alrededor de los pueblos de Brusje y Velo Grablje, ese tono morado peinando las laderas y el aire entero oliendo a lavanda. Hvar es la isla más soleada del Adriático y se nota en cuanto te alejas de la costa. La última noche nos dimos el capricho de cenar en Dalmatino, una de las mesas preferidas de locales y críticos: cocina dálmata de mercado, vinos de la isla y una atención que se nota. Es de las que hay que reservar con días de antelación en temporada alta, así que dejadla apalabrada antes de llegar.
Hvar → Dubrovnik en ferry y el primer paseo por el Stradun
La travesía de Hvar a Dubrovnik es la más larga del viaje —un catamarán de temporada de unas tres horas— y, lejos de ser un trámite, es un espectáculo: el barco va bordeando la costa dálmata, dejando atrás islas y pueblos colgados sobre el mar. En julio el catamarán se llena, así que conviene reservar con antelación; nosotros lo cerramos online con margen para asegurar plaza y horario.
En Dubrovnik nos alojamos en el Hotel Stari Grad, un boutique diminuto de apenas ocho habitaciones dentro de las murallas de la Ciudad Vieja, en un edificio del siglo XVI a pasos del Stradun. Dormir intramuros cambia el viaje: cuando los cruceros se marchan al atardecer, la ciudad se queda casi para ti. El primer paseo, al caer la tarde, fue por el Stradun, la calle principal de piedra caliza tan pulida por los siglos que brilla como un espejo. Cenamos ligero y cerca, en Kamenice, en la plaza Gundulić, famoso por sus ostras frescas y los calamares fritos, con ese ambiente animado de mercado que tiene la plaza al anochecer.
Dubrovnik: murallas al amanecer y kayak bordeando la ciudad
El plan estrella de Dubrovnik es recorrer las murallas medievales que rodean la Ciudad Vieja, unos dos kilómetros de paseo en alto con el mar a un lado y el laberinto de tejados rojos al otro. Aquí va el consejo que más agradecimos: en julio hay que madrugar. Las murallas abren a primera hora, y hacerlas nada más abrir significa esquivar tanto el calor —que sobre la piedra a mediodía es brutal— como las multitudes de los cruceros, que llegan en bloque a media mañana. A esa hora temprana, con la luz suave y la ciudad medio dormida, el paseo es otra cosa.
Por la tarde le dimos la vuelta literal a la perspectiva con una excursión en kayak de mar: se sale desde la puerta de Pile y se bordean las murallas desde el agua, con parada en la cueva de Betina para un baño y algo de snorkel. Ver Dubrovnik desde abajo, con las murallas cayendo a plomo sobre el Adriático y el sol bajando hacia la isla de Lokrum, es una imagen que muy pocos turistas se llevan. Esa noche cenamos en la Konoba Bonaca, una taberna auténtica cerca del centro, de las pocas que mantienen precios sensatos intramuros: gregada de pescado, pasta de gambas y vino de la península de Pelješac.
Último día: Lokrum o el monte Srđ, y despedida dálmata
Dejamos el último día completo a fuego lento, sin alarmas. Hay dos planes igual de buenos según el cuerpo: una escapada en barco a la isla de Lokrum, a diez minutos de la Ciudad Vieja, un islote de pinares, pavos reales sueltos y calas para bañarse lejos del bullicio; o subir en el teleférico al monte Srđ, el cerro que domina Dubrovnik, para esa vista de postal de la ciudad amurallada sobre el azul, especialmente bonita al atardecer. Nosotros nos quedamos con Lokrum por la mañana y subimos al Srđ al final del día, que no es trampa: dio para las dos.
La cena de despedida la hicimos en una konoba, sin prisa, brindando con un vino dálmata por un viaje que había salido redondo. A la mañana siguiente, traslado al aeropuerto de Dubrovnik y vuelo de vuelta a Madrid. El open-jaw cumplió su promesa: cerramos el círculo sin desandar un solo kilómetro.
Lo práctico: ferries, sin coche, papeles y clima
Un par de cosas que nos alegramos de tener claras antes de salir. Lo primero: nada de coche. Aparcar en los cascos históricos dálmatas es un suplicio, los hoteles están dentro de zonas peatonales y amuralladas, y los ferries hacen el trabajo mucho mejor. Split→Hvar son unos cincuenta minutos con muchísimas salidas en julio, y Hvar→Dubrovnik un catamarán de unas tres horas bordeando la costa. En temporada alta reserva los billetes online (Jadrolinija y Kapetan Luka son las navieras; ferryhopper.com agrega horarios y plazas) para no quedarte fuera.
Documentación: Croacia está en la Unión Europea y en el espacio Schengen, así que para una estancia turística corta basta el DNI o el pasaporte en vigor; aun así, confírmalo en la ficha-país oficial antes de viajar y lleva el documento con vigencia de sobra. La tarjeta sanitaria europea cubre la asistencia de urgencia, pero no la repatriación ni las cancelaciones, y con dos ferries y un vuelo de vuelta desde un aeropuerto distinto un buen seguro da tranquilidad. Sobre el clima: julio es plena temporada de playa en el Adriático —días de sol seguro, agua cálida y calor fuerte al mediodía—, así que protección solar, agua y sombrero, y dejad los planes de murallas y caminatas para primera o última hora. Como Croacia es UE, el móvil funciona en roaming con tu tarifa española; si tu operadora limita los datos, una eSIM te quita el problema y va de perlas para consultar horarios de ferry sobre la marcha.
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Ver el itinerario completoPreguntas frecuentes
- ¿Hace falta coche para recorrer la costa dálmata?
- No, al contrario: el coche es un estorbo. Aparcar en los cascos históricos de Split, Hvar y Dubrovnik es un suplicio y muchos hoteles están dentro de zonas peatonales o amuralladas. El archipiélago se mueve en ferry, que es más cómodo, más barato y parte del encanto del viaje.
- ¿Se puede hacer Split–Hvar–Dubrovnik solo en ferry?
- Sí, perfectamente. Split→Hvar es un catamarán rápido de unos 50 minutos con muchísimas salidas en verano, y Hvar→Dubrovnik un catamarán de temporada de unas 3 horas bordeando la costa. Las navieras son Jadrolinija y Kapetan Luka; en julio conviene reservar online con antelación porque se llenan.
- ¿Qué es un vuelo open-jaw y por qué interesa aquí?
- Es entrar por un aeropuerto y salir por otro sin repetir trayecto. En esta ruta entras por Split (MAD–SPU) y sales por Dubrovnik (DBV–MAD), así que recorres la costa en una sola dirección sin tener que desandar el camino para volver a tomar el vuelo. Suele costar parecido a un ida y vuelta normal y ahorra un día entero.
- ¿Cuál es la mejor época para ir a Croacia?
- Julio y agosto son plena temporada de playa: sol seguro, agua cálida y la lavanda de Hvar en flor, pero también más calor, más gente y precios altos. Mayo, junio y septiembre son un equilibrio estupendo: buen tiempo, mar templado y menos masificación. Si vas en julio, reserva ferries, murallas y hoteles con margen.
- ¿Hay que reservar las murallas de Dubrovnik con antelación?
- El paseo por las murallas es el plan estrella de Dubrovnik y en temporada alta conviene madrugar: abren a primera hora y hacerlas nada más abrir evita el calor sobre la piedra y la avalancha de cruceros de media mañana. Compra la entrada online para no hacer cola y planifica las caminatas a primera o última hora del día.
- ¿Cuánto cuesta un island hopping de 8 noches por Croacia en pareja?
- Ronda los 2.500–3.000 € para dos personas, incluyendo el vuelo open-jaw Madrid–Split y Dubrovnik–Madrid, los dos ferries entre islas, hoteles con encanto en las tres paradas, actividades (calas Pakleni, murallas, kayak), seguro y eSIM. Los hoteles en julio y los vuelos son las partidas grandes; los ferries son sorprendentemente baratos.
Coste del viaje, desglosado
Vuelos open-jaw (2 adultos) Madrid–Split ida (~98 €/persona) y Dubrovnik–Madrid vuelta (~120 €/persona) | 436 € |
Hotel en Split (2 noches) Cornaro Hotel 4★, pegado al Palacio de Diocleciano (~180 €/noche) | 360 € |
Hotel en Hvar (3 noches) Adriana Hvar Spa Hotel 4★, en el paseo marítimo (~210 €/noche) | 630 € |
Hotel en Dubrovnik (3 noches) Hotel Stari Grad, boutique dentro de las murallas (~210 €/noche) | 630 € |
Ferries entre islas (2 adultos) Split→Hvar (~7 €/persona) y Hvar→Dubrovnik (~25 €/persona) | 64 € |
Actividades y entradas (2 adultos) Tour de Split, fortaleza Španjola, calas Pakleni, murallas de Dubrovnik y kayak de mar | 250 € |
Seguro de viaje 2 personas, 8 noches, con ferries y open-jaw | 40 € |
eSIM de datos Plan para Croacia (UE), código TUPETATE con descuento | 15 € |
Comidas y extras (estimado) Konobas, marisco, mesas de autor y transporte local | 500–700 € |
| Total estimado (2 adultos) | 2.500 – 3.000 € |
Precios orientativos recogidos durante la planificación. Vuelos y alojamiento varían según fechas; julio es temporada alta en el Adriático.
Reservas del viaje
Los enlaces te llevan al proveedor para ver disponibilidad y reservar cada parte de este itinerario.
- 196 €Ver →Vuelo Madrid–Split (ida)Directo en temporada (~2h40) · 2 adultos · Aviasales
- 240 €Ver →Vuelo Dubrovnik–Madrid (vuelta)Cierra el open-jaw sin repetir trayecto · 2 adultos · Aviasales
- 360 €Ver →Cornaro Hotel (Split)Boutique 4★ pegado al Palacio de Diocleciano, con azotea (2 noches) · Stay22
- 630 €Ver →Adriana Hvar Spa Hotel (Hvar)4★ en el paseo marítimo, con piscina infinita en la azotea (3 noches) · Stay22
- 630 €Ver →Hotel Stari Grad (Dubrovnik)Boutique dentro de las murallas de la Ciudad Vieja (3 noches) · Stay22
- Ver →Ferry Split → HvarCatamarán rápido ~50 min · Jadrolinija / Kapetan Luka · desde ~7 €/persona · Jadrolinija
- Ver →Ferry Hvar → DubrovnikCatamarán de temporada ~3 h bordeando la costa · ~25 €/persona · Ferryhopper
- Ver →Tour a pie por el Palacio de Diocleciano (Split)Palacio, Catedral de San Doimo y casco medieval, 2 h · GetYourGuide
- Ver →Calas de Pakleni — taxi boat (Hvar)Día de calas de agua turquesa con snorkel desde el puerto de Hvar · GetYourGuide
- Ver →Murallas de Dubrovnik — entradaPaseo de ~2 km por las murallas; ve nada más abrir para evitar calor y multitudes · GetYourGuide
- Ver →Kayak de mar al atardecer (Dubrovnik)Bordeando las murallas desde el agua, con parada en la cueva de Betina · GetYourGuide
- 40 €Ver →Seguro de viaje2 personas, 8 noches, con ferries y vuelo open-jaw · ERGO
- 15 €Ver →eSIM de datos para CroaciaDatos sin sorpresas en roaming, código TUPETATE con descuento · Holafly
Algunos son enlaces de afiliado: si reservas a través de ellos podemos llevarnos una pequeña comisión, sin coste extra para ti. Más información.
¿Dónde dormir?
Adriana Hvar Spa Hotel
Cuatro estrellas en pleno paseo marítimo de Hvar Town, con una piscina infinita en la azotea desde la que se mira el Adriático mientras el pueblo se enciende abajo y spa para descansar entre cala y cala. Valoración sobresaliente y la base perfecta para vivir las islas Pakleni, la fortaleza Španjola y la vida de puerto. El tramo más bonito de las tres paradas.
Enlace de afiliado (Stay22 → Booking). Si reservas, podemos llevarnos una pequeña comisión sin coste extra para ti.
Ocho noches dieron para un primer Adriático muy completo en pareja: la Split romana, las calas y la lavanda de Hvar y las murallas de Dubrovnik al amanecer, todo enlazado por mar y sin tocar un coche. El plan se adapta sin problema —sumar una noche más en alguna isla, colar Korčula o Vis entre medias, o cambiar el kayak por un día de pura playa si el cuerpo lo pide—. Si quieres un itinerario así de detallado para tus fechas, con el vuelo open-jaw cuadrado, los ferries en su sitio, hoteles con encanto bien situados y precios al día, se lo cuentas a tuPetate y te lo monta en minutos.
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